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Evangelio según San Mateo .Mt 25,31-46.
Es curioso como la mentalidad de nuestro mundo pretende evadir esta parte tan importante dentro del proceso de la vida. Todo lo que huela a debilidad, fragilidad, caducidad, enfermedad, vejez, muerte, hay una clara tendencia a ocultar, evadir, maquillar, desvirtuar o disfrazar. No nos gusta pensar en la muerte y sin embargo, el no pensar en ella no nos libra de ella, el disfrazarla o esconderla no nos evita el que todos tarde o temprano tengamos que enfrentarnos con ella de forma personal, en la familia o con respecto a una persona amada. Y lo que si ocasiona esta evasión, es una falta de preparación para poder enfrentarla y verla como algo natural.
El dolor no está en el hecho, sino en la forma en que interpretamos ese hecho. El experimentar un sentimiento de pérdida y abandono, hace que el acontecimiento se torne doloroso. Un dolor que lejos de redimirnos y hacernos más humanos nos limita y crea en nosotros culpabilidad y enojo.
Llama la atención la forma en que las diferentes culturas asumen la muerte, pues no en todos los pueblos se le afrenta de la misma forma, juega un papel importante la relación que se tiene con la muerte y la fe del pueblo, recordemos lo que profesamos: “creo en la vida eterna, creo en la resurrección de los muertos” pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Aunque es cierto que el dolor es inevitable, porque también el dolor tiene una función, la de preservarnos y protegernos del peligro y así cuidar de nuestra vida, pero el dolor tiene que trascender a una aceptación y a un agradecimiento profundo ante el Dios de la vida que nos ha dado tantas posibilidades, que nos ha dado la oportunidad de estar aquí. Que nos ha dado un lugar y un espacio dentro de este maravilloso universo. Y es ahí donde la fe juega un importante papel. El tiempo hace que envejezcamos, que enfermemos, que nuestro cuerpo se deteriore, pero el tiempo no es el factor definitivo en la vida del ser humano, pues el tiempo se mide como principio y fin, sin embargo al pasar por este mundo, entramos en la dinámica de la eternidad, donde el hombre deja de someterse a proceso alguno y entra definitivamente al tiempo de Dios, que no tiene ni principio ni final. A esto se le llama eternidad.
Tiene que ver, sin duda, la manera en que nos relacionamos con las cosas de este mundo y con la manera de vivir, como asumimos la muerte. Es por eso que me interesa compartir esta anécdota sencilla que nos invita a actuar con naturalidad y gratitud cuando llegue el fin de una cosa, de una etapa o de un ser querido en esta vida:

Aquí cabe la pregunta: ¿Cómo reacciono yo ante esta situación? Me deprimo, me pongo triste, angustiado. o simplemente lo veo como algo natural. Y agradezco el tiempo que lo pude disfrutar o el tiempo que me sirvió.
Así como tratamos a las cosas, así como evitamos el final y no sabemos llegar hasta el final de las cosas y perseverar hasta el final, también nos sucede con respecto a nosotros mismos y con respecto a los demás. Mucho antes de que un par de zapatos den señales de su final, ya tenemos otros dos pares y evitamos quedarnos descalzos a media calle, por vergüenza o por lo que sea, evitamos a costa de lo que sea el final.
Sin embargo cuando actuamos así con respecto a nuestra vida y la vida de los demás. Al llegar al final, lo inevitable, lo que tiene que suceder, no como objetos que se usan y tiran porque para Dios no somos desechables, la vida se transforma, no se agota. La gratitud juega un papel importante al final de nuestras vidas. Si hemos de ser agradecidos con Dios por el pan, el vestido, las cosas que nos da, cuan grande debe de ser nuestro agradecimiento por las personas que ha permitido que coincidan con nosotros en esta vida, en este tiempo y en este espacio y agradecidos por la vida que se ha dignado regalarnos, porque la vida que tenemos se desprende de la misma vida de Dios, que comparte su ser con cada uno de nosotros. Gratitud que se debe de manifestar en el compartir con el que no tiene lo suficiente para vivir dignamente. Porque son los pobres, los que representan a Jesús aquí en la tierra y en el cielo nos han de juzgar. “Cuando lo hiciste o no lo hiciste con uno de estos, lo hiciste o no lo hiciste conmigo” dice Jesús. Despojémonos de nuestros huaraches viejos, agradezcamos a Dios lo que nos ha permitido vivir y hagamos que cada día, sea un día especial que nos permita vivir con misericordia, confianza y esperanza. Y aceptemos la vida nueva que el Señor nos ofrece, pero recordemos que para recibir hay que soltar lo que tenemos agarrado. Y confiemos en la vida nueva que el Dios de la vida le da a los que Él llama.















. después de varios fallidos, me dí por vencido... me encontré con una respuesta un poco "sangrona" (como dicen los jóvenes) "nuestros dueños padecen de celulitis". la terminación "itis" sabemos que significa "inflamación". y pensando un poco en esta respuesta, no la veo del todo incoherente. es cierto que los moviles producen inflamación. a cuántos no se nos esponja el corazón por la falta de una llamada o de un mensaje de algún ser querido, de un amigo o de alguien que consideramos importante en nuestra vida. la falta de contestación a un mensaje, se interpreta muchas veces como una falta de atención, de aceptación o de amor. siempre que marcamos, esperamos contestación. siempre que enviamos un mensaje, esperamos respuesta. el celular se ha vuelto un aparatito que forma parte de la vida de los hombres y mujeres de este tiempo. muchos conversamos más por celular, más que cuando estamos presentes físicamente... será que es más fácil hablar sin mirarnos a los ojos. pues el lenguaje corporal y el semblante también dicen mucho a los demás.



CUANTAS SON LAS VECES SEÑOR EN QUE TE HE DICHO QUE SÍ, PERO A LA HORA DEL TRABAJO, DE LA RESPUESTA, DEL COMPROMISO ME QUEDO DESPARRAMADO EN EL SOFÁ DE MI HABITACIÓN. CUÁNTAS VECES EN UN APURO TE PROMETO SEÑOR, TRANSFORMAR EL MUNDO, SEGUIRTE MÁS DE CERCA, PERO MIS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO AL MOMENTO EN QUE TÚ RESUELVES MIS NECESIDADES. SEÑOR. CUÁNTA VERGÜENZA PRESENTARME ANTE TI SIN HABER REALIZADO LO QUE TE HE PROMETIDO. PERO HOY RECAPACITO Y TE DIGO: ENVÍAME DE NUEVO. REDOBLARÉ MI ESFUERZO. ME ESFORZARÉ POR CONSTRUIR CONTIGO EL REINO DE AMOR, DE JUSTICIA Y DE PAZ. GRACIAS PORQUE ME HAS MOSTRADO QUE SOY TU HIJO, Y COMO HIJO QUIERO TRABAJAR CONTIGO, Y ALEGRARME CONTIGO CUANDO EL TRIGO, FRUTO DEL TRABAJO, DEL CUIDADO Y DE LA PACIENCIA, SE DOBLEGUE COMO RESPUESTA DE LOS PESADOS GRANOS QUE HAN FRUCTIFICADO Y ESTÁN LISTOS PARA LA COSECHA. CUANDO LOS RACIMOS DULCES DE TU VIÑA, FRUTO DEL TRABAJO DE TUS HIJOS, DISCÍPULOS Y MISIONEROS EN ESTA GRAN MISIÓN, TE PRESENTEN GOZOSOS LAS PRIMICIAS DE TUS BONDADES. ENVÍANOS NUEVAMENTE SEÑOR, CONFÍA EN NOSOTROS. AYUDANOS A SER COHERENTES Y ENTREGADOS A TU OBRA. AMEN

